**La caja de las cosas que respiran**
En el fondo de la caja, la luz se detiene.
No es una caja: es un pequeño mundo que aún murmura.
El papel del teatro guarda su último aplauso,
las piedras azules sueñan con mares que nunca vieron,
y el mercurio, inquieto, recuerda el pulso de los días rotos.
Las hojas secas conversan con los botones,
los hilos se enredan como pensamientos antiguos,
y las fotografías —esas ventanas diminutas—
siguen mirando hacia un tiempo que no se marchó del todo.
Cada objeto tiene su respiración:
la llave abre un silencio,
el reloj mide la nostalgia,
el caballo de madera galopa en la memoria.
Y cuando la tapa se cierra,
todo vuelve a su quietud luminosa,
como si el mundo pudiera guardarse
en una caja de maravillas que aún late.












